Colonia Caroya, terruño de inmigrantes Foto: Cristian J. Brovelli

Colonia Caroya, terruño de inmigrantes

Con su aire típico de colonia de inmigrantes italianos, Colonia Caroya es una experiencia que atrapa a todos los sentidos. Nacida en 1878, a partir de la ley de inmigraciones promovida por Avellaneda, se distingue por su comida típica, sus fiestas regionales, insignias como el salame y el vino, su fuerte devoción, el uso de la lengua furlán, sus ritmos y danzas características o sus antiguas casonas rurales rodeadas de acequias, viñedos y frutales. 

Formando parte de un mismo conglomerado urbano con Jesús María, sólo separadas por el asfalto, bien vale la pena dedicarle uno o dos días a conocerla y sentirla.

 

 

ESTANCIA JESUÍTICA DE CAROYA

Además de sus orígenes en la Orden Jesuita, en 1878 albergó a las 60 familias de inmigrantes, fundadores de la colonia. Una galería especial, recuerda esa etapa. Ver en Estancias Jesuíticas.

 

 AVENIDA SAN MARTIN

El ícono indiscutido de Colonia Caroya. Sus más de 10 km de centenarios plátanos forman una majestuosa e interminable bóveda. Los colores de cada estación renuevan los motivos para recorrerla. Es la vía principal, organizadora de la vida caroyense. Nace en las vías del Ferrocarril, en sentido inverso a la Ruta a Ascochinga.

 

EL SALAME

Nunca imaginaron los inmigrantes que esta faena traida de Italia, tan característica de su quehacer familiar, ganaría renombre nacional y mundial. Del legado de aquellas carneadas de invierno, actualmente Colonia Caroya tiene varias decenas de chacinadores artesanales continuadores de la tradición. A cada paso de la avenida o sobre la ruta, existen tentadoras ofertas de este exquisito producto. En calle Don Bosco 3657, Norma Lóndero ofrece una tradicional visita guiada gratuita para recorrer la historia del salame, su elaboración e ingreso al sótano.

 

LOS VINOS

Desde la época de los Jesuitas (S. XVII), estas tierras fueron pioneras en la elaboración de vinos. La llegada de los inmigrantes, en 1878, dio un segundo impulso, al punto de contar con decenas de bodegas a principios del S XX.

Hacia fines de los ’90, el programa de reconversión viti-vinícola, que introdujo cepas italianas finas adaptadas a nuestro clima (muy similar al europeo) y nuevas técnicas en la viña y para la vinificación, permitió dar el salto de calidad.

Varietales tradicionales: Frambua (Isabella) y Pinot (llamado por los colonos “francesa”). Las nuevas cepas: Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot, Sirah, Lambrusco, Tannat, Sauvignon Blanc.

Con viñedos ya maduros, las medallas en concursos nacionales e internacionales están poblando las vitrinas de los productores, hasta llegar a formar parte del selecto grupo de los Caminos del Vino en Argentina. Algunas bodegas ofrecen visitas guiadas todo el año:

Bodega La Caroyense, Av. San Martín 2281.

Establecimiento Rural Rosel, viñedos y vinos artesanales. Se accede a la altura del 4000 de la Av. San Martín, de allí se toma calle P. Patat sur unos 4000 metros. En calle 148, se gira 200 m. a la izquierda.

Chacra de Luna, Turismo Rural, Pedro Patat esquina Calle 140.

 

TEMPLOS

La vida de los inmigrantes, debió pasar grandes pruebas: terribles epidemias, sequias, granizos y el desarraigo de sus lejanas tierras. Su espíritu se templó con una inquebrantable Fe en Dios. Varios templos cristianos simbolizan este marcado rasgo caroyense.

Oratorio San Roque (1898). Levantado en honor al Santo como promesa por la cura de una grave enfermedad que sufría un pionero. Fue lugar de parada y rezo de los colonos en su paso cotidiano.

Iglesia Ntra Sra. de Monserrat. Levantada en honor a la Virgen a quien los inmigrantes se invocaron para que casera la epidemia de cólera de 1888. Los bellos frescos pintados sobre los arcos de la nave central son una espectacular síntesis de los primeros años de Colonia Caroya.

Iglesia Nstra. Sra. del Rosario (1883). Fue la primera capilla construida por los inmigrantes. Con rasgos típicos de la arquitectura del Friuli, conserva la imagen de la virgen que llegó de Italia en 1878 con los pioneros. Para visitarla, a la altura del 4000 de la Av. San Martín, se debe tomar por calle P. Patat sur unos 1200 metros.

 

ZONA RURAL

Para sentir el aire de Colonia Caroya es esencial salir un momento de la Avenida y adentrarse en la zona rural. Las antiguas casonas de estilo friulano rodeadas de acequias con mimbres, calas e higueras, parcelas de viñas, frutales, sembradíos y criaderos de animales son el reflejo de una forma de vida heredada de los primeros inmigrantes. El Museo Permanente de la Friulanidad Casa Copetti (calle 60 N° 590, ingreso a la altura de Av. San Martín al 5200), vivienda de una de las primeras familias de inmigrantes, es el testimonio mejor conservado de aquel estilo de vida y producción familiar.

 

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Colonia Caroya

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